viernes, 23 de octubre de 2009

Restableciendo la inocencia del devenir


¿En qué puede consistir exclusivamente nuestra doctrina? En que nadie concede al hombre sus cualidades, ni Dios, ni la sociedad, ni sus padres y antepasados, ni él mismo. (La idea absurda que rechazamos aquí fue expuesta por Kant en términos de «libertad inteligible», y quizá también por Platón). Nadie es responsable de existir, de estar constituido de uno u otro modo, de encontrarse en estas circunstancias, en este medio ambiente. La fatalidad de su existencia no puede desvincularse de la fatalidad de todo lo que ha sido y de todo lo que será. No es la consecuencia de una intención que le sea propia, de una voluntad, de una finalidad; no se ha intentado alcanzar con él un «ideal de hombre» o un «ideal de felicidad» o un «ideal de moralidad»; es absurdo tratar de encaminar su ser hacia un fin cualquiera. Ha sido el hombre quien ha inventado la idea de fin, pues en la realidad no hay finalidad alguna... Somos necesarios, un fragmento de la fatalidad; formamos parte del todo, somos en el todo; no hay nada que pueda juzgar, medir, comparar y condenar nuestra existencia, pues ello equivaldría a juzgar, medir, comparar y condenar el todo. Ahora bien, no hay nada fuera del todo. La única gran liberación consiste en no responsabilizar a nadie, en no poder atribuir el modo de ser a una causa primera, en que el mundo no sea una unidad ni como sensorio ni como «espíritu»; sólo así se restablece nuevamente la inocencia del devenir. La idea de Dios ha sido hasta ahora la gran objeción contra la existencia. Nosotros negamos a Dios, y, al hacerlo, negamos la responsabilidad; sólo así redimimos el mundo.

NIETZSCHE, Friedrich. "El ocaso de los idolos"..De los cuatro grandes errores, af 8

miércoles, 21 de octubre de 2009

Fracaso de los Valores Cosmologicos

El nihilismo, como estado psicológico, aparecerá, primeramente, cuando hayamos buscado un "sentido" a todo lo que pasa, que no está en lo que pasa: hasta el punto de que el que busca acaba por abatirse. El nihilismo es, entonces, el conocimiento de un largo despilfarro de fuerzas, la tortura que ocasiona este "en vano", la incertidumbre, la falta de ocasión de rehacerse de algún modo, sea éste el que sea; de tranquilizarse sobre cualquier cosa; la vergüenza de sí mismo, como si hubiéramos estado engañados mucho tiempo... este sentido hubiera podido ser: el "cumplimiento" de un canon moral superior, en todo lo que ha sucedido, el mundo moral; o el acrecentamiento del amor y de la armonía en las relaciones entre los seres; o la realización parcial del estado de felicidad universal; o también la disolución en una nada universal: un fin, cualquiera que éste sea, sirve para dar un sentido a las cosas. Todas estas concepciones tienen de común que quieren alcanzar algo por el proceso mismo: y entonces advertimos que por este "devenir" nada se realiza... Por consiguiente, la causa del nihilismo es la decepción ante un pretendido fin del devenir, ya se refiera esta decepción a un fin completamente determinado, ya sea que, de una manera general, se advierta que todas las hipótesis de un fin sustentadas hasta hoy con respecto a la "evolución en su conjunto" son insuficientes (el hombre no aparece ya como el colaborador, y menos aún como el centro del devenir).
El nihilismo, en cuanto estado psicológico, aparecerá en segundo lugar cuando se haya logrado una totalidad, una sistematización, o también una organización en todo lo que sucede, de suerte que el alma sedienta de respeto y admiración nade en la idea de un dominio y de un gobierno superiores (si se trata del alma de un lógico, el encadenamiento
de las consecuencias y de la realidad absoluta bastarán para conciliarlo todo...). Una forma de unidad, una forma cualquiera de "monismo": y, por consecuencia de esta creencia, el hombre en un sentimiento de profunda conexión y de profunda dependencia frente a un "todo" que le es infinitamente superior, un "modus" de la divinidad... "El bien de la totalidad exige el abandono del individuo"... Ahora bien, no existe semejante totalidad. En el fondo, el hombre ha perdido la fe en su valor, desde el momento en que no es ya un todo infinitamente precioso lo que obra en él: lo que equivale a" decir que ha concebido ese todo para poder dar crédito a su propio valor.
El nihilismo, como estado psicológico, posee aún una tercera y última forma. Dados estos dos juicios, a saber: que por el devenir nada puede ser realizado y que el devenir no está regido por una gran unidad en la que el individuo pueda perderse enteramente como en un elemento de valor superior: queda el subterfugio de condenar este mundo del devenir todo entero, considerándole como ilusión, el inventar un mundo que se encuentre más allá, detrás de éste, un mundo que fuera el mundo-verdad. Pero desde que el hombre comienza a advertir que tal mundo no ha sido edificado más que para responder a necesidades psicológicas y que no tiene ningún derecho a la existencia, empieza a tomar vida una forma suprema de nihilismo, una forma que abraza la negación del mundo metafísico y se prohíbe la creencia en un mundo-verdad. Colocándose en este punto de vista, se admite la realidad del devenir como única realidad, se niega toda clase de camino extraviado que conduzca al más allá y a las falsas divinidades; pero no se soporta este mundo, aunque no se le quiera negar...
¿Qué es lo que ha sucedido, en suma? El sentimiento del no-valor estaba realizado; mas se comprendió que no se podía interpretar el carácter general de la existencia ni por la idea de "fin", ni por la idea de "unidad", ni por la idea de "verdad". Nada se ha conseguido ni obtenido de este modo; la unidad que interviene en la multiplicidad de los acontecimientos, falta; el carácter de la existencia no es "verdadero": es falso...: ya no hay, decididamente, razón para persuadirse
de la existencia de un mundo-verdad... En una palabra, las categorías: "causa", "final", "unidad", "ser", por las cuales hemos obtenido un valor para el mundo, quedan retiradas por nosotros; y desde entonces el mundo tiene el carácter de una cosa sin valor...
Admitiendo que hayamos reconocido que el mundo no puede ser interpretado por estas tres categorías y que, después de este examen, el mundo comienza a carecer de valor para nosotros, será preciso que nos preguntemos de dónde han llegado hasta nosotros estas tres categorías. ¡Tratemos de investigar si es posible negarlas todo crédito! Cuando hayamos despreciado estas tres categorías, la demostración de la imposibilidad de aplicarlas al mundo no es ya una razón suficiente para despreciar el universo.
Resultado: la creencia en las categorías de la razón es la causa del nihilismo; nosotros hemos medido el valor del mundo por estas categorías, que se refieren a un mundo puramente ficticio.
Conclusión: todos los valores por los que nosotros hemos tratado hasta ahora de hacer estimable el mundo para nosotros, y por los cuales precisamente le hemos despreciado cuando se mostraron inaplicables, todos estos valores son, desde el punto de vista psicológico, los resultados de ciertas perspectivas de utilidad, establecidas para mantener y aumentar los campos de la dominación humana, pero proyectadas falsamente en la esencia de las cosas. Sigue siendo, pues, la ingenuidad hiperbólica del hombre lo que hace que se considere él mismo como el sentido y la medida de las cosas...


NIETZSCHE, Friedrich.."La Voluntad de Poder" af 12

lunes, 19 de octubre de 2009

Filosofia del Absurdo


La filosofía del absurdo, llamada en ocasiones absurdismo, establece que los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar el significado absoluto y predeterminado dentro del universo fracasarán finalmente debido a que no existe tal significado (al menos en relación al hombre), caracterizándose así por su escepticismo en torno a los principios universales de la existencia. Por ende propugna que el significado de la existencia es la creación de un sentido particular puesto que la vida es insignificante por sí misma, y que la inexistencia de un significado supremo de la vida humana es una situación de regocijo y no de desolación, pues significa que cada individuo del género humano es libre para moldear su vida, edificándose su propio porvenir.

Nace cuando el filósofo y escritor francés Albert Camus, partiendo del movimiento existencialista, se aparta de esa línea filosófica al publicar su manuscrito El mito de Sísifo. También se relaciona con "El extranjero", obra del mismo autor. La filosofía del absurdo está vinculada al existencialismo, aunque no debe ser confundido con éste (hay quienes la consideran un hipónimo de nihilista).

De acuerdo a la filosofía de Camus, los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar el significado dentro del universo acabarán fracasando finalmente debido a que no existe tal significado (al menos en relación al hombre), caracterizándose así por su escepticismo en torno a los principios de la existencia. Esta filosofía también postula que la vida es algo insignificante, que no tiene más valor que el que nosotros le creamos. De esta forma, puede entenderse la vida como un conjunto de repeticiones inútiles, vacías y carentes de sentido y significado, que se llevan a cabo más por costumbre, tradición e inercia que por coherencia y lógica.

Pareciera inevitable encontrar en la tendencia humana a fundamentar, el origen de la concepción de lo absurdo. El hombre persigue constantemente el principio de razón . Nada es porque sí. Todo debe tener una causa o motivo que lo justifique. En el pensamiento religioso, tal causa "eficiente" es Dios, que obra, en tal concepción, como un artesano modelador y ordenador del cosmos. En la cosmovisión atea, tal expediente está vedado. Y de esta manera, el universo y todos los entes, sea en su existencia o en su esencia, son sin un motivo,causa o porqué. Cuando la carencia de esta justificación, que necesita la razón humana, se verifica, aparece la sensación del "sin sentido", o, en otros términos, del absurdo.

Podríamos decir, partiendo de lo que acabamos de señalar, que la categoría del absurdo es una incorporación que la existencia humana y su específica racionalidad introducen en el mundo. Porque hay hombre hay necesidad de racionalización de todo cuanto es. Si tal racionalización no se cumple en cualquier situación verificada, ésta queda sin justificación. La no justificación no es aceptada por la razón y, por consiguiente, se habla entonces de absurdo. El encadenamiento de causa-efecto es una necesidad de la razón, como filósofos de gigantesca talla han establecido. Lo que pareciera imperioso preguntar, ahondando -precisamente de modo filosófico- en esta cuestión, es: "¿por qué es imperioso que todo deba tener una causa?". Cuando esta necesidad a la que el hombre se siente arrastrado de modo natural se pone en tela de juicio, se desvanece la categoría de absurdidad de los seres y de un cosmos eterno o increado y al mismo tiempo, desprovisto de fundamentos.


El Mito de Sísifo


El mito de Sísifo es un extenso ensayo de Albert Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como Le Mythe de Sisyphe. El ensayo se abre con la siguiente cita de Píndaro:

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, sino que apura el recurso hacedero.

El título del ensayo proviene de un atribulado personaje de la mitología griega. En él, Camus discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre moderno, que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas.

De esta forma plantea la filosofía del absurdo, que mantiene que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos. Siendo el mundo tan fútil, Camus pregunta, ¿qué alternativa hay al suicidio? El ensayo se inicia: No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.

Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, y así indefinidamente.

Camus desarrolla la idea del "hombre absurdo", o con una "sensibilidad absurda". Es aquél que se muestra perpetuamente consciente de la completa inutilidad de su vida. Ésta, afirma, es la única alternativa aceptable al injustificable salto de fe que constituye la base de todas las religiones (e incluso del existencialismo, que por tanto Camus no aceptaba completamente). Aprovechándose de numerosas fuentes filosóficas y literarias, y particularmente de Dostoievski, Camus describe el progreso histórico de la conciencia del absurdo y concluye que Sísifo es el héroe absurdo definitivo.

En su ensayo, Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar el peñasco y aún no tiene que comenzar de nuevo abajo. En ese punto, Camus sentía que Sísifo, a pesar de ser ciego, sabía que las vistas del paisaje estaban ahí y debía haberlo encontrado edificante: "Uno debe imaginar feliz a Sísifo", declara, por lo que aparentemente lo salva de su destino suicida.